Los niños autistas del Zulia superan el aislamiento

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Leandro, de siete años, es un niño inquieto, de ojos grandes y brillantes, que se ríe con facilidad. A pesar de su autismo, que le conduce al aislamiento, cuando se siente feliz, consigue alargar sus delgados brazos y abraza brevemente a alguna de las terapeutas que lo atienden. Como él, 132 niños acuden semanalmente a la Fundación Peter Alexander (Fupanav) de Maracaibo, institución fundada en 1990 que se mantiene a base de donaciones y tiene otros 60 pequeños en lista de espera.

“Estos muchachos al principio no permitían el acercamiento. Ahora abrazan, se reconocen unos a otros y se acuerdan de sus amigos cuando no vienen”, explica orgullosa Lupe Méndez, directora de la organización.

El autismo es un desorden del desarrollo del cerebro que puede comenzar en niños antes de los tres años de edad y que deteriora su comunicación e interacción social causando un comportamiento restringido y repetitivo. Este trastorno de origen desconocido afecta a cuatro de cada 10 mil habitantes. Leandro se golpea la cabeza o el estómago en un gesto llamativo, que es “simplemente un acto reflejo típico de su enfermedad”, explica Betty Piña, coordinadora del programa de tratamiento. Pasea una y otra vez por el salón deshaciendo sus mismos pasos.

Interacción limitada

Las personas con autismo muestran distintos tipos de síntomas: interacción social limitada, problemas con la comunicación verbal y no verbal y aislamiento. En uno de los salones de la institución, repleto de juegos y pinturas de colores, a Leandro le acompañan Andrés y Luis, ambos de ocho años. “Organizo actividades que puedan reconocer fácilmente mediante carteles amarillos con imágenes”, afirma la terapeuta Rosa Prada, de 35 años. Mantener el orden no es fácil. A Leandro le fascina encajar piezas de colores. Luis, a su lado, tiende a morderlas y prefiere escribir letras en un papel. Andrés suelta palabras con tono agudo cada dos o tres minutos. Una de ellas es “ayuda”. Todos se mueven mucho y se resisten a la disciplina. “Lo importante es cómo van mejorando. Su nivel de interacción es mayor con el tiempo”, asegura la directora de Fupanav. A los niños, desde luego, se les ve felices y aceptan la presencia de periodistas con alegría. “Antes, esta cercanía sería inconcebible”, sostiene Méndez con total confianza en la generosa labor de su institución.

No se conocen las causas exactas del autismo, pero se sabe que contiene un gran componente genético. Aunque no existe una “cura”, el cuidado apropiado puede promover un desarrollo relativamente normal y reducir los comportamientos considerados inapropiados. De hecho, Leandro acude a una escuela regular, ya que una tía suya, que trabaja allí, se encarga de vigilarlo para “canalizar las diferencias y adecuarle lo más posible al entorno”.

Talento musical

En otra sala de Fupanav, a modo de karaoke, Néstor Amesti, de 20 años, ensaya la canción Noelia, de Nino Bravo. Con micrófono en mano y el codo apuntado hacia arriba, pide aplausos a las mamás que le miran orgullosas. Preparan el gran bingo del 30 de mayo, uno de los actos organizados para recaudar fondos para la institución.

Con su lema Intégrame al mundo, Fupanav participa en el IV Congreso Nacional de la Federación Venezolana de Asociaciones y Fundaciones de Familiares de Personas con Discapacidad Intelectual (Fevedi) que se celebrará el próximo jueves en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez (CAM-LB). En el evento, que contará con expertos internacionales, se debatirá sobre la discapacidad intelectual en Venezuela.

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